Cajamarca: GRUFIDES aclara situación de la familia Chaupe


GRUFIDES ACLARA SITUACIÓN DE LA FAMILIA CHAUPE

A LA OPINIÓN PUBLICA

Sobre las últimas noticias difundidas en medios nacionales sobre el caso de la familia Chaupe, GRUFIDES aclara lo siguiente:

1. Para GRUFIDES el caso de la familia Chaupe es un caso emblemático porque es representativo de la situación de muchas personas que son vulneradas en sus derechos fundamentales para hacer viables megaproyectos poniendo en riesgo su integridad, su dignidad e incluso su vida.

2. GRUFIDES jamás a intentado presentar a la familia Chaupe como un ícono de pobreza, Sí hemos ayudado a visibilizar a una familia campesina símbolo de fortaleza, resistencia y dignidad, haciendo frente a una empresa transnacional para defender justos derechos en medio de la profunda asimetría que se vive en un país como el Perú.

3. GRUFIDES repudia el intento burdo de la empresa minera Yanacocha de deslegitimar socialmente a Máxima Acuña y su familia haciéndola aparecer como una acaparadora de propiedades. Este argumento ya fue presentado reiteradamente, en principio durante el desarrollo del juicio y luego fue centro de una campaña de desprestigio en medios locales la cual no tuvo éxito. Los predios en cuestión siempre han figurado en la SUNARP y por tanto constituyen información de acceso público, por ello rechazamos rotundamente la tendenciosa versión de que esta información se ocultó.

4. Es evidente que con esta campaña se intenta distraer las cuestiones de fondo de este tema. El problema fundamental no es el número de parcelas que tenga la familia, el asunto de fondo es el evidente abuso cometido por la empresa minera en contra de los derechos de la misma y el uso de la fuerza pública al servicio de sus intereses privados, lo cual ha terminado por mercenarizar las fuerzas policiales.

5. Por último, la campaña ¨Maxima somos todos¨ generada de manera espontánea por diversos colectivos, personas y organizaciones, es un expresión solidaria que no busca defender en estricto la propiedad sino y sobre todo, la dignidad y la vida de una familia de personas sencillas y trabajadoras como lo somos la mayoría de peruanos.

Cajamarca, 24 de febrero del 2015

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Perú: Entrevista a Mirtha Vasquez sobre el caso de Máxima Chaupe


Compartimos la entrevista que la Red Muqui sostuvo con la Dra Mirtha Vasquez Chuquilin, miembro de GRUFIDES y abogada de la familia Chaupe frente a las acusaciones de la minera Yanacocha en Cajamarca.

¿Qué ha pasado desde diciembre cuando ocurrió la sentencia a favor de Máxima Chaupe y su familia, que dice Yanacocha?
El 17 de diciembre de 2014, salió la sentencia que reconocía que Máxima Chaupe y su familia como inocentes de los cargos de la empresa. La empresa los acusaba de ser usurpadores, de haber usurpado en los terrenos de Yanacocha. La sentencia absuelve Máxima y su familia de todos los cargos.

Después de esto pensamos que la situación iba a ser más tranquila. A pesar de no decidir a quién pertenece el terreno, porque esto no era parte de la denuncia. Lo que por lo menos está reconociendo la sentencia es que es una posesión de la familia en este lugar. Y la posesión es un derecho tan válido como de la propiedad.

Con este pronunciamiento suponemos que la empresa va a utilizar las vías institucionales, una demanda por usar la propiedad. Pero no pasó así.

La familia sigue viviendo en el predio. El 3 de febrero la empresa minera con su compañía de seguridad más la policía privada que está a su servicio y con personas civiles entró a la propiedad de Máxima y destruyeron un nuevo cuartito que habían construido cerca de la casa que esta colapsando por las lluvias. Después de ello se fueron y la empresa minera Yanacocha dijo este acto era un acto de defensa posesoria – que es un concepto jurídico, pero que no se aplica para nada en este caso, porque es un acto de defensa-. Dijeron que la familia está ocupando nuevos predios que son propiedad de la empresa. Pero esto es falso por que la familia estaba construyendo el cuarto dentro de su propiedad. Entonces la empresa minera llegó ilegalmente.

Después vinieron y empezaron hacer una especie de corredores alrededor del predio de la familia. Pusieron alpacas en el lugar y llevaron casetas de vigilancia que supuestamente van a hacer vigilancia a las alpacas, pero que finalmente están apuntando directamente a la casa de Máxima. Todo esto nos parece hechos realmente escandalosos, de privación de la libertad, afectación a la libertad porque ahora tienen casetas vigilando toda su casa. Pero además han cerrado las vías de acceso a la casa, han puesto tranqueras en las cuales controlan quien entra y sale por estas propiedades. A veces no dejan entrar los hijos de Máxima que viven en Cajamarca. Yanacocha dice que es su carretera ya que había arreglado la vía anteriormente. Su lógica es, “si yo tengo plata y arreglo la calle, se volvería esta mi calle”.


¿Cómo se siente Máxima frente a toda esta situación?

Máxima está muy quebrada emocionalmente y psicológicamente. Alguien puso un ejemplo exacto: “Si alguien, un ladrón o ratero, ha entrado en tu espacio privado, nunca más te quita este trauma, con la idea que van a volver e ingresar”. Imagínense lo que pasa a Máxima y su familia, todos los días están pensado en que la empresa va a ingresar, que los trabajadores van a destruir lo poco que tienen y matar a sus animales porque esto ya han hecho antes. Es una sensación de constante stress y esto impacta la salud de ellos.

Ellos ahora no pueden salir libremente de su casa, así no pueden salir a trabajar y así no tienen que comer. Tienen lo poco que están cultivando y lo que mandan sus hijos desde la ciudad. Pero hay días en que incluso ellos no ni quiera comen. Máxima dice que preferimos estar acá que salir a conseguir algo. Ellos lo justifican diciendo que ya son viejos. Si no comemos, no importa, dicen. Los hijos son grandes ya y solo somos los dos, resisten. Es una gran resignación, una situación de indignación increíble, de constante stress protegiéndose de las amenazas de la empresa. Es muy duro para ellos.

Solicitamos ayuda del Ministerio de la Mujer, y se converso con la aquel entonces ministra Carmen Omonte. Recibimos ayuda y acompañamiento psicológico, pero ahora su gestión de la Ministra Omonte ha acabado.


¿Cuáles son los siguientes pasos para hacer Máxima Chaupe?

Frente a esto y el único que nos queda es seguir denunciar a la empresa minera porque es un delito de usurpación. Pero la empresa tiene todo el poder y sigue anunciar cualquier cosa. Ahora están cerrándolos, llevan animales y personas, esto va a provocar otro enfrentamiento con Máxima y en la población. Esto nos preocupa mucho

Es una evidencia que la empresa no cree en el Estado, en el derecho de este país, en la Ley. No cree en nadie. Ellos quieren autorizarse la autoridad. De hecho esto ya está haciendo. Y sienten la sensación de impunidad de que nadie les va a decir nada porque este Gobierno no va a hacer nada. El riesgo para Máxima persiste ser constante.


¿Cuál ha sido el rol de GRUFIDES en todo este proceso de defensa?

Yo creo que hemos confiado demasiado. Hemos confiado mucho en las vías institucionales y hemos estado siempre esperando que el Estado nos responda. Esto no ha sucedido, esto sigue ser un mayor riesgo para la familia de Máxima.

A lo mejor, a la par de utilizar los mecanismos institucionales, hemos debido buscar apoyos que ayuden a proteger a esta familia. Porque a pesar de los fallos y el poder judicial, esto no va a terminar protegiéndonos. Esto no va a proteger la seguridad de las personas.

Fuente: Red Muqui

Perú: Informante desinformado o cómo desprestigiar a una familia campesina

Por: Marisa Glave Remy


Ricardo Uceda es un periodista al que respeto. Por eso, fue grande mi sorpresa al leer su última columna sobre la familia Chaupe. El artículo da a entender que esta familia es propietaria de varios terrenos y que este hecho tira por los suelos la imagen de una mujer luchadora, que emociona hasta las lágrimas, pues Máxima y su familia no serían “indigentes”, sino algo así como una clase media acomodada. Quienes no conocen el mundo rural pueden tener la sensación de estar frente a una familia que tiene varias casas, con las que genera buena renta.

Pero lo realmente grave, es que el periodista dice que tales propiedades han sido logradas por ocupación. Como pone Uceda en el titular, emociona hasta las lágrimas…hasta [saberla] dueña de nueve predios por vía de la ocupación. La columna da a entender que los Chaupe llegaron, los ocuparon y luego se los apropiaron. Esta referencia no es gratuita. La disputa entre Máxima y Yanacocha por el predio Tragadero Grande es porque la empresa señala que ella es la “auténtica propietaria” y que la familia Chaupe lo habría “invadido”, para luego hacerse de la propiedad. Se pretende demostrar que la familia usa este mecanismo de manera habitual. Entonces, es fácil creer que los Chaupe son unos estafadores.

La imagen que el lector tiene al final del artículo es que una familia vendida como “indigente” por unas ONGs, obviamente politizadas, resulta ser de una clase media campesina acomodada, que se ha ido ganando la vida apropiándose de terrenos de otros. Se insinúa que la mala imagen de Yanacocha ha permitido que se cree una especie de “leyenda urbana” en torno al uso de la violencia contra la familia, la que parecería estar justificada, pues se omite un dato fundamental: Los varios intentos de desalojo contra los Chaupe se hicieron SIN MANDATO JUDICIAL, y el último, en el que se registra la destrucción de la ampliación de su vivienda, luego de que la justicia peruana declarara INOCENTE a Máxima del delito de usurpación, así como el cese del desalojo preventivo y de la administración provisional de Yanacocha sobre el predio Tragadero Grande.

Quisiera aclarar algunas de las imágenes que se construyen en el texto. Empiezo por las propiedades, en plural, para darnos una idea de qué significan nueve hectáreas (ha) en una zona andina. Los investigadores agrarios usan mecanismos de “estandarización” para comparar terrenos: Caballero y Álvarez plantean que una hectárea en costa con riego equivale a 0.53 ha en la sierra con riego y a 0.25 en secano. Si hacemos el cálculo tenemos, entonces, que las nueve hectáreas aludidas, equivalen a 4.77 ha, si fueran buenos suelos -que no lo son- y a 2.25 ha, si son de secano, como señala la familia. Sumados los predios, no llegan, pues, bajo ningún cálculo, ni a una mediana propiedad rural. Ello, sin tomar en cuenta que se trata de terrenos que, además, están dispersos.

Quisiera añadir, por otro lado, un dato sobre el “modo de apropiación”: Los títulos de propiedad parten del reconocimiento de la posesión, sí. Pero no porque se haya “ocupado” el espacio abruptamente, para conseguir la prescripción. Una parte de las parcelas es producto de una herencia. La madre de Máxima se las dio a ella y a sus hermanos. Y otros terrenos son adquiridos. Pero, ¿por qué la mamá o los vendedores originales no inscribieron la propiedad? Pues, porque en el campo hay un problema – grave – de acreditación de la propiedad. Eso no quiere decir que no exista, quiere decir que no está registrada. Por eso, desde los años 90, en que se empezó a fomentar el mercado de tierras rurales, funcionan programas especiales de titulación, que buscan formalizar la propiedad. Una familia podía ser propietaria de una parcela como consecuencia de la Reforma Agraria, por más de 30 años, pero recién a inicios de este siglo consiguió el título que acredita dicha propiedad. Sí, así es el Perú. Entonces, que el título que otorga el sector Agricultura se base en el reconocimiento de la posesión no quiere decir que los Chaupe sean unos usurpadores profesionales. Quiere decir que, como sucede a decenas de miles de campesinos en el Perú, sus derechos y los de sus familias no estaban reconocidos formalmente, pero sí socialmente por sus vecinos, quienes acreditan la propiedad.

El último argumento que quisiera rebatir, que es, además, el que me resulta más agresivo, es que Máxima despierta solidaridad porque es una “indigente”. Máxima es una mujer campesina, trabajadora y luchadora; ahí radica su fuerza. ¿La violencia de Yanacocha sobre Máxima deja de ser condenable porque ella es “propietaria” de algo más? ¿No es Máxima una ciudadana que tiene derecho a enfrentar el cuestionamiento de su propiedad sobre Tragadero Grande en un juicio justo? ¿No es una ciudadana que tiene derecho a que la Policía no vaya como guardián de una empresa con la que disputa la propiedad, a agredirla y a ser testigo pasivo de cómo destruyen su vivienda? El caso de Máxima es simbólico NO porque es una mujer “indigente”, sino porque es una ciudadana que no está dispuesta a aceptar que la insulten, la agredan o la pretendan desalojar con violencia y sin mandato judicial.

 

[DOCUMENTAL] AMERICA LATINA PIENSA – CAPITULO 9 – “EXTRACTIVISMO SALVAJE”


Neoliberalismo crudo, extractivismo, transnacionalizado y violencia institucional combinadas en dos realidades nacionales.
En este capítulo trataremos la complejísima realidad nacional colombiana que desde hace algunos años quiere ser transformada al calor de lo que las elites llaman “la locomotora minera” y al mismo tiempo la búsqueda de posicionar al Perú como el nuevo modelo minero para el continente.

[PUCP – TESIS] EL PROYECTO CONGA DESDE LOS ESTÁNDARES DEL SISTEMA INTERAMERICANO DE DERECHOS HUMANOS

Perú: Máxima Acuña y los KOs de Conga

(Foto: La República)

Por: Roxana Olivera

Caminando a paso ligero en las alturas de la jalca cajamarquina, Revista Ideele divisó entre la niebla a una figura diminuta con un enorme sombrero de paja que es más grande que ella. Su nombre es Máxima Acuña, y la llaman la guardiana de las lagunas. Esta campesina cuya vida consistía en criar a sus cuatro hijos, vigilar a sus animales, sembrar sus cultivos, confeccionar ponchos y tejer frazadas se ha visto de pronto enfrentada a la empresa minera Yanacocha y a contingentes de la DIROES que llegaron a desalojarla, golpearon brutalmente a su familia, pero no pudieron en su momento con ella. Hace unas semanas le ganó un juicio a la minera, pero ello no impidió que llegaran ahora a destruirle la ampliación de su casa. Una mujer que ha parido a sus hijos sola, en las madrugadas, caminando por los páramos para buscar ayuda, ya perdió el miedo mientras sigue resistiendo dentro de los escombros de su casa.

Cuenta que cuando su último hijo estaba por nacer, cruzó un río y casi dio a luz agarrada a una roca. Recuerda que en ese momento, “Le lloré a Dios, diciéndole: ‘Tú sabes que por mi pobreza y el hambre de mis hijos me veo ahora en esta penosa situación, por favor te ruego que no me desampares y me des fuerza!’” Se puso de pie y siguió caminando. Bajo una lluvia torrencial, Máxima llegó con un costal de papas a Amarcucho, al caserío que la vio nacer, donde vivía la abuela de Jaime, su esposo. Allí, minutos después, una perrita anunció el nacimiento de Carlos, su cuarto hijo. Cuando, por fin, llegó Jaime, su abuela le pegó dos palazos por haber dejado sola a su esposa.

¿Quién es Máxima Acuña? ¿De dónde saca tanta fuerza esta mujer, de quien el padre de Ollanta Humala dijo que algún día futuras generaciones le harán un monumento por su valentía y heroísmo? Esta es su historia.

Orígenes y formación

Yo nací en el caserío Amarcucho, del distrito de Sorochuco, el 29 de mayo de 1970. Soy la tercera de 4 hermanos, dos varones y dos mujeres. Mi papá murió cuando yo tenía 8 años. A mí de chiquita me gustaba cuando mi mamá salía, dejándome en la casa, yo primero tenía que hacer limpieza en la casa. De ahí tenía que criar cuyes. Después, me gustaba tejer sombreros. Mi mamá tejía sombreros de paja blanca. Tejía y le quedaban pajitas a ella y yo las agarraba y las escondía y los días que no estaba mi mamá, me ponía a practicar, a tejer el sombrero. Yo armaba los sombreros pequeñitos, chiquititos, como para juguetes, para muñecas. Yo recogía las tuzas del choclo, del maíz, y las cortaba y hacía la plantilla. Después hacía la copa, los terminaba, hacía la falda, la orilla y los sacaba solita yo. Mis amigas tenían sus muñecas, ellas llegaban y me decían: “Véndeme para mi muñeca”. Entonces, hacíamos el trato con ellas. En ese tiempo me daban 10 céntimos, la mitad de los 10 céntimos.

A mi mamá la veía que cosía vestimentas del estilo del lugar que usamos las mujeres. Cosíamos sacos, enaguas, faldas, polleras. Mi mamá cosía todo eso, pero yo la miraba nada más a ella cuando cosía y también cuando cortaba, le quedaban pedacitos de tela. Eso yo lo agarraba y lo escondía, porque mi mamá no permitía que cojamos nada. Eso no nos permitía mi mamá; nos corregía; nos pegaba. Yo cogía las telitas y las escondía. Y cuando ya faltaba, empezaba a coser con una aguja de mano, agujas que venden para remendar. Y con eso yo armaba el saco, la falda, el fustán, y venían mis amigas y decían: “¿Qué has hecho?” Y yo les decía: “Ya esto he hecho.” Y ellas traían sus muñecas y les medían la ropa que yo cosía. Entonces, ellas me compraban pues. Y así me gustaba hacer, me gustaba trabajar. Y así los días que mi mamá faltaba, primerito tempranito hacía yo el aseo en la casa. Después empezaba a coser. Y vendía y tenía yo. Y eso me gustaba a mí bastante.

La plata la enterraba yo, así la juntaba. A veces, compraba alguna cosita y le daba a mi mamá. Le decía: “Toma mamá; esto he hecho y lo he vendido”, pero con miedo que me pegue. Cuando yo le daba la plata, me la recibía pues. Sí, me la recibía. Cuando yo ya tenía 11 años, cuando iba ya para los 12 años, venían y me decían: “Cóseme mis ropitas para mi bebito, para niñitas, para bebitas mujercitas.” Yo les cosía los funditos, unos morillitos, les hacía sus saquitos. Aprendí a hacer mis sacos para mí. Tenía algunos familiares que me traían algunas telitas. Esas las cortaba yo. Anteriormente se usaban los sacos con capelos. Ahorita ya no los utilizamos. Ya se ha dejado de usar.

Si queríamos algo corriente nomás, no lo cosíamos sino que lo bordábamos. Me gustaba bastante hacer todas estas cosas. Como los tejidos en kallwa que mi mamá tejía. Todo eso aprendí al mismo tiempo, viendo a mi mamá y a algunas mujeres que hilaban así también. Me ponía a hacer de todo. Y como todo me salía bien, me gustaba bastante… Las familias pobres no teníamos ovejas, ganado, caballos. Por eso yo no pasteaba porque no había. Ninguno de mis hermanos fue a la escuela porque mi papá falleció y mi mamá era pobre. No tenía, y, anteriormente, no tenían interés en que nos eduquen. Por eso, nosotros no llegamos a conocer la escuela.

El esposo y la familia
Bueno, eso pasó porque yo me quedé huérfana. Mi mamá salía. No sé dónde se iba. Se demoraba dos días, tres días. Antiguamente, los mayores eran bien ignorantes. No nos dejaban dentro de sus casas. Nos dejaban así afuera en el corredor; allí teníamos que dormir. Bueno pasó una cosa. Seguro que Jaime me conocía. Bueno, claro, me imagino, pero sin tener conversación, sin tener ningún diálogo, sin que seamos enamorados, él, como asegurándose que yo estaba allí sola y que mi hermanito era pequeñito y no puede hablar. Allí, él se aprovechó, viendo que yo estaba sola. Pero yo a él no lo conocía, ni tampoco pensaba en él como enamorado, nada. Yo más bien a él le tenía vergüenza ―usando nuestra forma de hablar, yo le tenía vergüenza― pero él se aprovechó. Bueno, yo me quedaba; quería decirle a mi mamá, pero pensaba que mi mamá me iba a pegar, porque mi mamá era recontra ignorante. Yo no tenía ninguna explicación de mi mamá sobre cómo era la vida, cómo era la niñez.

Bueno, yo me sentía mal. No tenía cariño, ni entusiasmo, sino como después ya pasó como un año, yo estaba de 13 para 14 años, allí él empezó a seguirme. Empezó a mostrarse como si ya fuera mi enamorado, pero a mí no me llamaba la atención. Sino que según él, sus padres le dijeron: “Pueda ser que sepa su familia o alguien de su familia que sepa de justicia, te pueden denunciar. Y más bien trata de ―me imagino que así le aconsejaron a Jaime― seguirla y a aparecerte y comprometerte con ella.” Esa es la explicación que le dieron, pero no lo hicieron porque ellos realmente me quisieran a mí y me querían en su casa, sino que ellos lo hicieron por temor a la justicia y que alguien de mi familia se entere y se llegue a esa situación, porque mi mamá tampoco sabía nada de justicia. Nada.

Él tenía 16 años, yo tenía 14. Se apareció y habló con mi mamá, y mi mamá ni siquiera me preguntó a mí; ni si quiera me dijo: “¿Hija, cómo es?” Brutalmente nomás dijo: “Ya pues, te está siguiendo, que sea.” Yo no me sentía bien, pues. Yo tenía algo en mi corazón, de que podía reaccionar y de que no tendría un amor con él, ¿no?, realmente. Bueno, así pues se comprometió. Estuvimos un año más y un año después yo ya me vi embarazada.

Por meses vivía donde mi mamá, pero no tenía ahí tranquilidad. Me llevaba él donde su mamá. Llegaba y no me trataban bien, porque trataban de marginarme. No me querían porque yo era bien pobre. Con las lágrimas en mis ojos, yo tenía que estar ahí y servirlos a ellos. En el campo acostumbran a pelar el trigo, el mote y a tostar la cebada para los molinos, para que le lleven a los peones. Yo no dormía. En la noche les lavaba su ropa. Yo amanecía pelando su trigo y mote. Yo salía a las 4:00 am al campo, al monte, a juntar su leña. Les traía su leña a ellos. Yo los servía bastante. En el día tenía que trabajar. Me ponía a urdir, a hacer mis tejidos; yo hacía mis alforjas; hacía mis ponchos; hacía mis frazadas. No teníamos ropa para cambiarnos, yo y Jaime. No teníamos un polo que ponernos, una chompa que ponernos. ¿Yo qué hacía? Yo no tenía ovejas, pero le sacaba lana de las ovejas de la gente. Me daban lana para medias. Hacía frazadas y las vendía. Con la venta de esas frazadas yo me compraba una blusita o un polito. Igual a Jaime le compraba una chompa, o un polo, o un par de yangüés, lo que sea…y así la pasábamos.

El terreno en cuestión
Para comprar nuestro terreno arriba en la jalca, yo pedí ganado partido. Me dieron ganado partido. Nos dan una vaca, nosotros la vemos. La vaca logra su cría en nuestro poder, esa cría nos la dan a nosotros y nosotros les entregamos la vaca pero con otro a pie. Eso es partido. Nos dan, por ejemplo, ovejas partido, chanchos a la media, así, entonces yo criaba. Y de mi trabajo lo que vendía, de mi comida que cosechaba y mis cuyes, mis gallinitas, todo lo juntábamos, uníamos la platita. Para comprar esa jalca, tuve un torito que le saqué a una vaca a partido, y ese torito ya era grande, pero no tenía dónde criarlo. En la noche me iba donde la gente tenía sus chacras de maíz, su pasto. Me iba y juntaba la hierba en la noche y la traía y la amontonaba para que ese torito coma esa hierba, ese pasto, en el día para que se haga grande. Y cuando apareció ese terreno, vendimos ese toro, empleamos la platita que habíamos juntado, lo que trabajábamos. Tenía ahí mis ovejitas, las vendimos. Teníamos nuestro potrillito, lo vendimos. Todos nuestros animalitos pequeñitos los vendimos para poder juntar esa plata y comprar esa jalca que ahora la mina nos quiere quitar.

Esa jalca se la compramos al tío de Jaime, el señor Esteban Chaupe Rodríguez. Él compró esa jalca no recuerdo en qué año. Tuvo esa jalca por tres o cuatro años y de ahí se apareció un terreno al lado de su casa en Cruz Pampa. Él vivía en Cruz Pampa. Entonces, él agarra esa jalca y nos avisa a nosotros y nos dice: “Mira sobrino, te vendo ese terreno arriba en la jalca porque tú estás al lado de tu papá.” Mi suegro Samuel Chaupe había comprado un lote del señor Santos García de Chugurmayo. El tío compró al costado; era colindante. El tío nos vende a nosotros ese terreno y así fuimos colindantes con mis suegros. Nosotros tenemos un documento que es de la comunidad. En la comunidad se forman unas autoridades de la comunidad. Estas autoridades tienen una autorización de qué comunero hace un traspaso a otro comunero. Esa comunidad le da su documento de traspaso. Tenemos el documento de traspaso de las mismas autoridades de la comunidad y también tenemos el documento de posesión. La posesión el señor Esteban me la pasa a mí. Por eso yo quedo como posesionaria allí. Tenemos un documento firmado en el que se habla quiénes son los vendedores y quiénes son los compradores y cuánto de dinero se dio por ese terreno. De acuerdo a la linderación, de ancho es 800 metros por cada lado. Y por cabecera, agarra 1,500, por el pie 1,500. El plano lo ha levantado un ingeniero civil en 2012, donde sale 25 hectáreas.

Y ahora la minera quiere coger ese predio. O sea, me lo quiere quitar gratis, porque el Ingeniero Guillermo Silva ―dicen que en ese tiempo era el gerente del área de relaciones comunitarias― va y compra terrenos de los colindantes y se va y levanta el plano que él quiere, sin avisarles ni a los colindantes para que le muestren las linderaciones, agarra y levanta el plano, engloba todo con mi terreno dentro y se lo vende todo a Yanacocha. Y por eso, en el conflicto se enfrentó el Ingeniero Guillermo Silva. Él es el autor de todo esto, fue con la policía, con el personal, en los primeros desalojos del mes de mayo. Después nuevamente regresaron en el mes de agosto. Las autoridades hicieron llamar a esa persona, que él era el culpable, que él era el que tenía que responder. Pero los ingenieros de Yanacocha, de la empresa, no se presentan a ninguna audiencia. Sin embargo, a ellos todavía les dan libertad y a nosotros nos acusan sin que tengamos ningún delito.

A mí me golpeó la policía. Me cogieron entre tres de cada brazo así hacia atrás y los demás vinieron con sus palotes y me jalaban como a una persona que no sentía nada, ¿no? Me golpearon los brazos. Me agarraron y me arrastraron por el suelo, por las piedras me golpearon mis tobillos. Me patearon en la cintura. Me maltrataron. Me patearon por todas partes, por eso ahora siento dolor en mi cintura, en mis brazos. Anteriormente yo no tenía ningún problema para trabajar, pero ahora sí me siento mal y ya no tengo la energía para trabajar, como anteriormente, sin ningún problema. Todo eso se ha denunciado, pero lamentablemente no han seguido adelante con nuestras denuncias, con nuestros procesos. Las autoridades no valoran nuestras denuncias. Eso todo lo han archivado. Por ejemplo, yo tengo certificados médicos míos, pero no los valoran. No los toman en cuenta. Las autoridades hacen como si no hubiera pasado nada. Se tapan la boca, se callan y no pronuncian una sola palabra al respecto. Nada. Cuando mataron a mis ovejas, lo mismo. Ellos no dijeron nada.

Ahora lo único que exijo es que la empresa minera me enseñe un documento que demuestre que yo les he vendido este terreno. ¿Por qué no le exigen eso los jueces?

Puesta al día

El 3 de febrero de este año, personal de seguridad de la empresa minera Yanacocha entró a la propiedad de Máxima Acuña y le destruyeron los cimientos de construcción de una ampliación de su humilde casa. En su denuncia, Máxima señaló que 200 policías, acompañados por personal de la minera, entraron ilegalmente a su propiedad.

A través de un comunicado de prensa, Yanacocha sostiene que el terreno le pertenece, que actuó de manera pacífica y que simplemente “está actuando en defensa de sus derechos y en estricto cumplimiento de la ley. [Y que] así lo seguirá haciendo, pese a las campañas mediáticas que buscan descalificar a la empresa”.

Fuente: IDL Reporteros – http://revistaideele.com/ideele/content/m%C3%A1xima-acu%C3%B1a-y-los-kos-de-conga

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